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Refundemos, que algo queda

Hace algo más de un año, Nicolas Sarkozy, inefable presidente de la República Francesa, propuso a bombo y platillo «refundar el capitalismo». Dicho así, la cosa pintaba bien: todos nos pusimos enseguida a imaginar a los banqueros, directivos de multinacionales y especuladores varios fregando suelos con un mocho viejo o cargando ladrillos con una carretilla para que aprendieran así el valor de la economía real, esa que se basa en cosas-que-se-producen-y-se-venden y no en cosas-que-no-existen-pero-que-también-se-venden-solo-que-mucho-más-caras. Incluso, los más alocados llegamos a creer que Sarkozy desempolvaría de algún museo la guillotina que tanto juego dio en la plaza de la Revolución, hoy llamada si no me equivoco plaza de la Concordia, y que la sangre azul volvería a desembocar a chorros en las cloacas parisinas.
Como decía, ha pasado un año y, en efecto, se ha refundado el capitalismo. ¿Cómo? Muy fácil: hoy día, los ricos y poderosos siguen ganando cantidades ingentes de dinero haciendo lo que siempre han hecho, pero ahora sabemos además que, da igual lo que hagan y a quien se lo hagan, disfrutarán de absoluta impunidad. Nadie, con excepción del mediático Madoff, ha pagado sus crímenes económicos y sociales no ya con la guillotina, sino siquiera con una multa simbólica. Y si algún alto ejecutivo de sociedades de inversión ha sido despedido, ha recibido a cambio una indemnización rayana en lo absurdo: ejemplar castigo donde los haya.
Una vez cumplido este magno objetivo mundial, propongo que sigamos refundando cosas. Por ejemplo: refundemos la cultura prohibiendo los libros que no sean best-sellers, o refundemos el Tercer Mundo obligando a los hambrientos a morirse de una vez para que dejen de dar el rollo, o mejor aún, refundemos el planeta Tierra sustituyendo todo el oxígeno de la atmósfera por anhídrido carbónico. No sé, son solo algunas ideas…
La clave del éxito

Hace más de una década, leí en el suplemento dominical de un diario un artículo en el que Antonio Gala reflexionaba sobre la naturaleza del éxito, y la conclusión a la que llegaba era que resulta curioso que la gente persiga con tanto ahínco algo que nadie sabe exactamente en qué consiste.
Reconozco que yo también, en alguna etapa de mi vida, he ansiado alcanzar esa nebulosa informe. Incluso, llegué a pensar que la imagen del éxito es la que muestran algunos escritores en los medios de comunicación, pomposos e hinchados ante las cámaras mientras reciben el último premio teledirigido y dotado con una millonada, o cuando opinan sobre lo político y lo divino para mayor gloria del grupo mediático o político en el que están apesebrados, y creí durante algún tiempo que ese era el modelo a imitar.
Hace unos días asistí a un entierro. Al terminar, mientras caminaba hacia la salida del recinto, me topé por casualidad con una lápida en la que, bajo el nombre del difunto y las fechas de rigor, se leía: «Aquí descansa un hombre bueno».
Qué suerte la mía: ya no necesito preguntarme más en qué consiste eso del éxito.
Memoria

Hace unos días, reorganizando uno de esos cajones que sirven para ir olvidando trozos de tu vida en su interior, encontré un papel con un membrete de Renfe en el que el jefe de estación de Coslada —situada en el Este de Madrid— justificaba el retraso que yo sufriría al llegar a mi trabajo por el corte de una línea de cercanías.
No sé por qué decidí conservar ese documento fechado un 11 de marzo de hace cinco años: quizá para recordarme que ese día una pereza invencible me hizo levantarme veinte minutos más tarde de lo habitual —¿quién dijo que los pecados capitales son dañinos para el alma?—, o para negarme el lujo de olvidar a vecinos o conocidos que de repente dejaron de serlo.
Sí, seguramente, seguiré conservando ese justificante de Renfe varios años más.
Silencio y distancia

Sábado por la noche en mi casa. El barrio descansa en silencio. El único sonido que escucho es el zumbido del ventilador de mi ordenador y el repiqueteo de las teclas. De vez en cuando pasa un coche por la calle: alguien que vuelve de divertirse o que comienza a hacerlo. Mi mujer duerme. Yo lo haré dentro de poco. Me acuerdo en este momento, no sé por qué, de mi hermana mayor. Ella vive en Estados Unidos. ¿Qué hora será allí? Hago cuentas: más o menos las siete de la tarde. Aún habrá luz de sol y, probablemente, mi hermana caminará por los pasillos de algún centro comercial cargada de bolsas en compañía de su marido y alguno de sus hijos. Otro país, otro continente, varios usos horarios de diferencia, pero la misma sangre, idénticos deseos y necesidades, similares problemas (ella me habla de crisis y de paro desde la tierra de las oportunidades: en estos tiempos, no resulta fácil la vida en ninguna parte).
Silencio y distancia: las dos palabras que me vienen a la cabeza en este momento.
Mañana (hoy ya en realidad) será otro día.
Empatía

Casi ha terminado el día. Y es en este momento, tras completar el frenético plan de actividades que me había autoimpuesto para hoy, cuando me pregunto si en las últimas veinticuatro horas he hecho en realidad algo para ser más feliz; y, lo que es igual de importante, para hacer felices a los que me rodean. Espero que sí; deseo sinceramente que algo de lo que he dicho o hecho en esta jornada haya alegrado, al menos por un instante, la vida de otra persona y de paso la mía propia. No sé... estoy tan cansado... me cuesta recordar si hoy ha ocurrido algo así.
Quizá mañana. Espero que sí. Espero que mañana.
Doce meses

Un año ya. Un año sin el poeta que aseguraba haber defraudado por igual a sus críticos y a sus familiares, a los primeros por ser un poeta demasiado realista y a los segundos por no tener ningún sentido de la realidad.
Qué largo y qué corto a la vez me han parecido estos doce meses, don Ángel, maestro.
Equilibrio

Redacto este texto en un ordenador de los que ahora se llaman netbooks o ─usando un término en español─ ultraportátiles: diez pulgadas de pantalla, un quilo de peso, veintipocos centímetros de longitud… No pretendo caer en el tópico zarzuelero de que las ciencias adelantan que es una barbaridad, pero lo cierto es que yo, que comencé mi vida profesional hace veinticuatro años delante de un ordenador IBM PC con pantalla de fósforo verde y disquetes flexibles de cinco pulgadas y media, no puedo dejar de maravillarme por la evolución de la informática en este tiempo.
La única duda que tengo al respecto es si adelantos tecnológicos tan vertiginosos ─teléfonos móviles, ordenadores portátiles, agendas electrónicas, reproductores musicales, navegadores por GPS, etc.─ colaboran a hacernos la vida más agradable o, por el contrario, no son más que meros juguetes con los que distraernos de nuestra dura realidad.
Yo, tecnoadicto confeso, creo que la tecnología no va a resolver los grandes problemas del ser humano, y más concretamente del ciudadano occidental y supuestamente civilizado: la ansiedad, el estrés crónico, la angustia ante la muerte ─tema tabú en nuestra sociedad para el que cada día estamos menos preparados─, el miedo al futuro, la eterna insatisfacción… Pero, al menos, gracias a la técnica disponemos de un medio como Internet para contarnos nuestras cuitas unos a otros, incluso sin necesidad de conocernos, convirtiéndonos en una comunidad de seres algo menos extraviados que antes.
Pero eso sí, permitidme para terminar un consejo: no dejéis que ningún aparato o red virtual sustituya en vuestras vidas el contacto real con las personas, ni el placer de sujetar un libro abierto entre las manos, ni la experiencia de viajar a un lugar y explorarlo con vuestros propios ojos y no solo con un ratón en la mano. Recordad: en el equilibrio reside el secreto de la felicidad.
Crisis V: Intercambio semántico

A lo largo de este año 2008 que ya termina, los economistas nos han enseñado a los ciudadanos de a pie multitud de términos de su jerga: deflación, holding, deslocalización, dumping, mercado interbancario, estafa piramidal, renta fija, joint venture, mercado primario, fondos de garantía de depósitos...
Justo es que, en lógica correspondencia, los don nadies como yo instruyamos a los economistas en el significado de unos cuantos términos del castellano usual que ellos desconocen: honradez, justicia, legalidad, decencia...
Propongo celebrar, a la mayor brevedad posible, un Congreso Nacional de Economistas y Legos en la Materia para el Intercambio Semántico. Estoy seguro de que sería de gran provecho.
Crisis IV
Impagable —ni pidiendo un préstamo a cincuenta años siquiera— la viñeta de El Roto publicada en el diario El País del pasado domingo.
Sin más palabras, podéis verla pinchando aquí.
Buen viaje

En estos días, mi amiga Twiggy Hirota va a viajar a Japón.
Para cualquiera de nosotros, un viaje así sería sinónimo de alejamiento; para ella es, en realidad, un retorno a la mitad de sus orígenes. Me consta que Twiggy siente un gran apego por esa tierra, a la que pertenece su familia materna.
Pero mientras permanezca allí, identificándose con su mitad japonesa, no podrá evitar sentir nostalgia de España, donde radica el otro cincuenta por ciento de su personalidad y de su pasado. Así que, cuando llegue el momento de volver, también ese será un viaje de retorno.
Realidad dichosa la suya: realizar dos trayectos de más de doce mil kilómetros cada uno y, sin embargo, estar siempre regresando.
Buen viaje.
Obsesión

Hace unos días instalé un contador de visitas en esta página. ¿Qué por qué lo he hecho? En teoría, para estimar el seguimiento de este blog (si no lo leyera nadie, ¿merecería la pena mantenerlo?: confieso que no sabría responder a esta pregunta; seguramente seguiría escribiendo en él aunque no recibiera ninguna visita).
Pero al ver esos dígitos puestos a cero, esperando alcanzar la cifra de 999.999, he reflexionado un momento sobre nuestra manía (seguramente muy occidental) de contarlo todo desde que somos unos niños: los cromos de la colección conseguidos, los que nos faltan, los repes, los goles que hemos marcado en los partidos del recreo, las pantallas superadas en los videojuegos… hasta que crecemos: los kilómetros de nuestro coche, los días que hemos trabajado, los que nos faltan por trabajar hasta el fin de semana o hasta la jubilación, el dinero que tenemos, el que debemos, los amigos buenos (esa cuenta suele ser muy rápida), los enemigos (esta tampoco me lleva mucho tiempo, por fortuna), los cónyuges, los amantes (conozco quien contabiliza las mujeres con las que se acuesta, como el Pedro de Valdivia de ¿Pero hubo alguna vez 11.000 vírgenes?, de Jardiel Poncela)…
Sin embargo, hay una cosa cuya cantidad no nos exige contador alguno: la vida. La cuenta resulta bien sencilla: solo tenemos una.
Manifiesto de CEDRO

Desde este modesto blog he animado varias veces a los autores a asociarse. Y entre las opciones que he recomendado está el Centro Español de Derechos Reprográficos (CEDRO). Así que me complace reproducir aquí íntegramente el manifiesto que esta institución ha difundido con motivo de su vigésimo aniversario.
El valor de los derechos de autor
Manifiesto de CEDRO en su vigésimo aniversario
En el vigésimo aniversario de la creación de CEDRO, manifestamos que:
1. El trabajo de escritores, traductores y editores es una de las bases de la riqueza intelectual de la sociedad.
2. La dignidad profesional de autores y editores tiene su fundamento en el Derecho de Autor. Es legítima su aspiración a obtener una remuneración por el uso de sus obras, y a que su trabajo creativo se respete y se proteja.
3. El acceso a la información y a la cultura no puede ni debe realizarse sacrificando los derechos de autor.
4. Las obras de autores y editores constituyen un valor insustituible para la educación, la formación permanente y la innovación en empresas, organismos públicos y centros educativos.
5. El sector del libro y de las publicaciones periódicas tiene en España una relevancia estratégica: contribuye de forma significativa al producto interior bruto, a la creación de puestos de trabajo, a la mejora de la balanza comercial y a la generación en el extranjero de una imagen positiva de nuestro país.
Por todo ello:
1. Reclamamos a los poderes públicos un decidido apoyo a los creadores de la cultura escrita y una defensa enérgica y activa de sus derechos de autor, para alcanzar los mismos niveles de respeto que existen en otros países europeos.
2. Demandamos el mantenimiento de la compensación para los autores y editores por la copia privada de sus obras, que se lleva a cabo masiva e indiscriminadamente en una gran variedad de aparatos y soportes.
3. Instamos a todos los centros de trabajo y de formación en los que se utilizan reproducciones de libros y publicaciones periódicas mediante fotocopia o digitalización, a obtener la autorización previa de los titulares de derechos, tal y como exige la ley, mediante una licencia de reproducción de CEDRO.
4. Expresamos nuestro compromiso con el desarrollo educativo, científico y cultural español, así como con el necesario progreso de las bibliotecas en nuestro país y con las políticas de fomento de la lectura.
5. Manifestamos nuestra voluntad de continuar trabajando para consolidar e incrementar los importantes logros obtenidos en los últimos veinte años en materia de reconocimiento de los derechos de autor, de remuneración a autores y editores por la reproducción de sus obras, y de educación a los jóvenes acerca del valor de la creación original, objetivos para los que pedimos la comprensión y la colaboración de la sociedad.
Madrid, 1 de julio del 2008
Problema climático

Quiero recomendaros una entrevista que publica hoy la edición digital del diario "El País" con Sir Nicholas Stern. Lo que me ha llamado la atención de este artículo es descubrir, con agrado, que el problema del cambio climático ya no es solo un asunto que preocupe a los ecologistas, sino que ahora también inquieta a los economistas. Y si los economistas se preocupan seriamente por algo, quizá aún tengamos esperanza. Podéis leer el artículo pinchando aquí.
Por otro lado, y siguiendo con el mismo tema, os recomiendo el siguiente mapa interactivo, en el que podéis comprobar qué ocurrirá con las costas de España y del resto del mundo si el nivel del mar asciendo. En la parte superior de dicho mapa hay una casilla titulada Sea level rise en la que podéis elegir el número de metros de crecida de las aguas. También dispone de una escala (a la izquierda) que os permitirá aumentar o disminuir el nivel de detalle geográfico. Espero que ninguno de vosotros tenga una casita en primera línea de playa... El mapa se puede ver pinchando aquí.
Agradecimiento

Hoy he recibido un correo electrónico, contestación a uno mío anterior, en el que un amigo se despedía de mí con la expresión "gracias por tus palabras". No me ha agradecido que le escribiera, ni que me acordara de él: me ha agradecido mis palabras, como si fueran objetos valiosos que yo le hubiera regalado.
Creo que es una de las cosas más encantadoras que me han escrito nunca por correo electrónico.
Acróstico

Todos los que, por estas fechas, preparamos una oposición a los cuerpos de administrativos de la función pública tenemos que enfrentarnos con una hidra de siete cabezas llamada Ley de Contratos del Sector Público español, la famosa Ley 30/2007. Creedme: intentar introducirse en las meninges semejante mamotreto resulta una tortura horrorosa.
Sin embargo, esta ley guarda un secretillo curioso. Si tomas el texto de su exposición de motivos —comentarios del legislador previos al articulado— y entresacas la primera letra de cada párrafo, ¡encuentras un acróstico! Vedlo vosotros mismos:
Desde la adhesión a las Comunidades Europeas...
Esta Ley de Contratos del Sector Público...
Sin embargo, aun siendo la necesidad de incorporar a...
Hasta el momento, las reformas de la legislación de...
Inseparablemente unido a lo anterior, la opción de regular...
Desde la consideración metodológica de que resulta...
Ratificando este cambio de enfoque, la presente Ley...
Así, el articulado de la Ley se ha estructurado en un...
Tomando como referencia los principios que han...
A fin de ajustar el ámbito de aplicación de la Ley...
Como medio para identificar el ámbito normativo...
Incorporando en sus propios términos y sin reservas...
Obligadamente, la nueva Ley viene también a...
Nominados únicamente en la práctica de la contratación...
Sí, en efecto: el acróstico oculto en la exposición de motivos de la Ley de Contratos es: D-E-S-H-I-D-R-A-T-A-C-I-Ó-N, con hache intercalada incluida.
¿Casualidad? ¿Afición poética de nuestros Diputados y Senadores? ¿Humor negro del legislador? ¿Advertencia para los incautos que osen enfrentarse al monstruo en pleno verano? Quién sabe...
Para empezar bien la semana
Reconozco abiertamente que la música es una de mis grandes pasiones —seguramente, la mayor—. Ningún arte como la música —ni siquiera la literatura— me transmite sensaciones tan intensas.
Por eso hoy quiero regalar a los pocos lectores de este blog una pieza deliciosa: la interpretación de la violinista norteamericana de padres coreanos Sara Chang, con la Filarmónica de Berlín detrás —dirigida, nada menos, que por Plácido Domingo— de la pieza Meditación, perteneciente a la ópera Thais, del francés Jules Massenet.
Que la disfrutéis.
Copia privada, sí

En estos tiempos que corren, en los que parece que está de moda atacar el concepto de propiedad intelectual, me complace publicitar aquí una página muy interesante y recomendable. Se trata de la web COPIA PRIVADA SÍ, cuyo enlace es el siguiente:
http://www.copia-privada-si.com/
No dejéis de echarle un vistazo. Con seguridad, descubriréis que muchos de vuestros conceptos sobre las copias se vendrán abajo.
No estaba muerto

Dicen los que saben que el número de blogs que languidecen por la red moribundos o extintos del todo, víctimas de la desidia de sus dueños, es superior al de los objetos que forman la basura espacial, esa maraña de residuos de naves espaciales que pululan en órbita alrededor de nuestro planeta.
Seguramente, los que visitáis este blog habréis pensado últimamente que ese es el destino que le esperaba: convertirse en basura virtual.
Pues no: he vuelto. Si bien es cierto que el parón ha sido prolongado, aún es demasiado pronto para enterrar esta modesta bitácora personal.
En la Ciudad Invisible sigue quedando al menos un habitante.
Interculturalidad

Esta mañana, en un vagón del metro de Madrid, he visto (uno más de mis extraños avistamientos subterráneos) a una inmigrante rumana muy joven, estudiante de español seguramente, que iba leyendo El amor en los tiempos del cólera, de García Márquez.
Interesante (y muy bello, sin duda) cruce de culturas y geografías.
Desconsiderado

Hace unas décadas, un poeta asturiano escribió:
Los muertos son egoístas:
hacen llorar y no les importa
Este fin de semana, el desconsiderado ha sido él.
Hay quien define (creo que incluso él mismo) a Ángel González como un poeta menor. Yo no entiendo mucho de poesía, pero no estoy de acuerdo. Los versos de González siempre me han conmovido tanto como lo ha hecho su muerte.
Descanse en paz, maestro.
Miguel Delibes

El pasado 19 de diciembre, en un acto celebrado en el Hotel de las Letras de Madrid, la Asociación Colegial de Escritores entregó a Miguel Delibes el Premio Quijote de las Letras Españolas 2007.
El galardón, dotado con quince mil euros y patrocinado por CEDRO, fue decidido por los votos de los asociados de la Colegial de Escritores.
Me llena de satisfacción que haya sido Delibes el premiado de este año por dos razones: la primera, porque mi voto fue para él, y la segunda, porque don Miguel es uno de los principales culpables de mi afición de juventud a la literatura.
Para más información:
El secreto de la felicidad

En un momento de la película El señor Ibrahim y las flores del Corán, dirigida por François Dypeyron y basada en el texto de Eric-Emmanuel Schmitt, el tendero musulmán (deliciosa la interpretación de Omar Sharif) afirma que
el secreto de la felicidad es la lentitud.
Gran verdad esa. Por tanto, es fácil deducir que el autor de este blog ha debido de ser muy feliz últimamente, porque este diario digital ha crecido a paso de tortuga...
Me he propuesto, para este año que empieza, ser algo menos lento sin dejar de perseguir la felicidad.
No dejéis, por favor, de visitarme de vez en cuando.
Reiniciar

Hace tiempo me contaron este chiste:
Resulta que viajan en un coche un químico, un físico y un técnico informático, y de repente el coche se para. Aparcados en la cuneta, el químico sugiere que quizá la mezcla de gasolina y aire no haya alcanzado el punto de saturación adecuada en el carburador, por lo que sugiere que... El físico le quita la palabra para explicar que seguramente la proporción entre la carga y la inercia que afecta al vehículo en movimiento haya causado un efecto de presión sobre las ruedas que... En ese momento, el informático dice: No os preocupéis, chicos: salimos del coche los tres, volvemos a entrar y ya veréis como entonces arranca."
Aprendamos de los técnicos en informática y apliquemos su remedio universal: reiniciemos el año y con él nuestras vidas. Quizá así todo lo que funcionaba mal en el 2007 comience a marchar.
¡Feliz 2008 a los 2.008 lectores de este blog!
Salida de tono
En una entrevista publicada por el diario «El País» el pasado 8 de diciembre, Mercedes Cabrera, ministra de Educación, se descolgaba con la siguiente frase: No saber leer es peor que fumar.
Con todos mis respetos, me gustaría preguntarle a la señora ministra qué tiene que ver el tocino con la velocidad.
Me parece muy frívolo y desafortunado comparar el problema creciente del analfabetismo funcional —grave y preocupante, sin duda— con los más de 45.000 muertos que se producen cada año solo en España por enfermedades provocadas por el tabaquismo, sin contar los efectos en los fumadores pasivos, niños incluidos.
La afirmación de la responsable de Cultura es semejante a decir que no saber leer es peor que matarse en un accidente de tráfico o en un accidente laboral, con el añadido de que estos dos ejemplos que pongo no provocan anualmente juntos ni la quinta parte de los fallecimientos que se achacan al tabaco.
Por favor, señora ministra: con el tabaquismo, ninguna broma.
XIII JORNADAS SOBRE EL DERECHO DE PROPIEDAD INTELECTUAL
Hoy y mañana se celebran las XIII JORNADAS SOBRE EL DERECHO DE PROPIEDAD INTELECTUAL: AVANCES Y RETROCESOS DE LA PROTECCIÓN DEL DERECHO DE AUTOR. PREMIOS LITERARIOS. DE LA NECESIDAD AL FRAUDE, organizadas por la Asociación Colegial de Escritores y CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos).
Las sesiones tendrán lugar en la SGAE (Sociedad General de Autores y Editores) calle Fernando VI, 4. 28004 Madrid (SALA MANUEL DE FALLA), y tomarán la palabra juristas especialistas en la materia y escritores como ANDRÉS SOREL y JAVIER REVERTE.
Para mayor información, consultar el enlace:
Vivir

Conversando ayer con mi amiga y colega literaria Twiggy Hirota, llegamos ambos a una conclusión inapelable: vivir nos está matando.
Ánimo, Twiggy. Al menos, dejaremos dos cadáveres bellos (sobre todo el tuyo, el mío no tanto).
Hasta la vista

Hoy he recordado una anécdota que me contó mi suegra en una ocasión. Corrían los años cincuenta, y una tarde, paseando en compañía de su hermana, vieron a través de la cristalera de una cafetería de Madrid al entonces galán de la pantalla Fernando Fernán Gómez, sentado solo a una mesa. Con la valentía inherente a la juventud, las chicas entraron en el establecimiento, se plantaron alborozadas junto a la mesa del actor y le pidieron emocionadas un autógrafo. Cuenta mi suegra que don Fernando, sin decir palabra, las fulminó con la mirada de tal forma, que no tuvieron más opción que callarse y salir de la cafetería como almas que llevara el demonio.
Está claro que Fernán Gómez no pasará a la posteridad por su simpatía (más bien por lo contrario). Sí lo hará por algunas de sus interpretaciones —sobre todo las de su madurez— y, en mi opinión, por haber escrito un texto teatral tan sencillo en apariencia como magnífico: Las bicicletas son para el verano, una radiografía certera de las penurias del españolito de a pie en el Madrid de nuestra guerra civil.
Sí, sin duda recordaremos a don Fernando durante mucho tiempo. Descanse en paz.
Felicidades

Hoy es el cumpleaños de José Saramago.
Y cumple nada menos que ochenta y cinco años.
Felicidades, maestro. Y larga vida —más larga aún— para que siga regalándonos sus textos. En los tiempos que corren, la gente como usted nos resulta imprescindible.
Pillaje

Esta mañana he vivido una experiencia novedosa para mí.
Salía de un comercio y he visto que varias personas se arracimaban alrededor de un contenedor de papel para reciclar. Enseguida he comprendido la razón: en el suelo había varias cajas de cartón abiertas y con un contenido sorprendente: decenas de libros en buen estado de conservación. ¿Quién habrá podido desprenderse de su biblioteca con tanto desapego?
Al principio he sentido un cierto pudor, pero lo he vencido enseguida y he participado con los demás viandantes en el expurgo de tal tesoro, del que he obtenido cuatro libros de arte en muy buen estado.
Y durante un momento me he sentido como esos habitantes de zonas costeras que, en siglos pasados, se lucraban de los restos de algún naufragio arrastrados por la marea.
Los seis Principios de Faraday

He topado por casualidad con un artículo de Wikipedia sobre Michael Faraday, y de dicho texto me gustaría destacar el siguiente fragmento:
De una obra de Isaac Watts titulada Improvement of the Mind (La mejora de la mente), leída a sus catorce años, Michael Faraday adquirió estos seis constantes principios de su disciplina científica:
Llevar siempre consigo un pequeño bloc con el fin de tomar notas en cualquier momento. Mantener abundante correspondencia. Tener colaboradores con el fin de intercambiar ideas. Evitar las controversias. Verificar todo lo que le decían. No generalizar precipitadamente, hablar y escribir de la forma más precisa posible.
Sin duda, se trata de seis consejos muy válidos también para cualquier escritor.
Pasado y presente

Hoy me he fijado en el metro en un joven que leía un texto muy largo en la pantalla de su PDA.
Movido por esa curiosidad que nos lleva a espiar por encima del hombro las lecturas ajenas, he aguzado la vista y he descubierto que se trataba de la Eneida de Virgilio.
Curiosa conjunción de clasicismo y modernidad.
A la deriva

Estos últimos días hemos leído con horror en la prensa la aparición de un cayuco en aguas de Cabo Verde con siete cadáveres en avanzado estado de descomposición y un único superviviente. Pero el espanto se multiplicó cuando ese inmigrante hallado vivo contó que habían partido de la costa más de medio centenar de pasajeros: los que faltaban habían sido arrojados al mar tras morir de sed e inanición.
Al hilo de esta noticia, he meditado sobre el tópico de que la realidad supera la ficción, y he tratado de recordar algún argumento literario tan terrible como este. Sólo he encontrado cierta similitud con el relato de Julian Barnes, incluido en su heterogéneo libro Una historia del mundo en diez capítulos y medio, en el que narra las peripecias atroces de los náufragos del barco francés Méduse en 1816, que fueron retratadas con tanto dramatismo en el cuadro de Théodore Géricault La balsa de la medusa (ver fotografía; o mejor aún, ver el original en el Louvre). Pero este relato de Barnes no es ficción, por lo que parece reafirmar aún más el tópico del predominio terrorífico de la realidad.
Invito a los que leáis este comentario a que aportéis cualquier dato. ¿Conocéis algún argumento literario que alcance una crueldad semejante?
El patrimonio secreto de la humanidad

Esta semana he recibido un envío postal curioso: una editorial de las principales de este país (no diré cuál) me ha devuelto (rechazado, por supuesto) un manuscrito que les mandé... ¡hace dos años! Supongo que más vale tarde que nunca.
Al hilo de esto, he meditado sobre los millones de páginas escritas por autores anónimos en todo el mundo que jamás verán la luz. Ese es, sin duda, el patrimonio cultural más rico de la humanidad. Quizá algún día sea posible recopilarlo.
Mientras tanto, sigamos vertiendo un poco de ese filón inacabable en Internet. Algo es algo.
Crónica de una muerte anunciada

Este último fin de semana, mi mujer y yo sacamos entradas para un cine de verano en una localidad de la costa, concretamente Santiago de la Ribera, en Murcia, España.
Hacía años que no vivíamos esta experiencia, que nos retrotrajo a nuestra infancia. La pantalla de cemento, recortada contra un fondo de estrellas —las de verdad, no las de Hollywood—; el suelo de tierra alfombrado de cáscaras de pipas; el sonido de las latas de refrescos al abrirse, mezclado con el del papel de aluminio de los bocadillos; los niños correteando por los pasillos entre los asientos; las terriblemente incómodas sillas de hierro, capaces de destrozar cualquier anatomía durante las cuatro horas de proyección, a pesar incluso de las almohadillas con regusto taurino, y por último la fuga precipitada del recinto por culpa de un chaparrón inoportuno. No nos importó demasiado la interrupción meteorológica porque el precio era popular y el programa doble, y estaba terminando ya la segunda película.
Sin embargo, al salir nos percatamos de un cartel que a la entrada nos había pasado inadvertido. Colgando de la tapia del cine podía leerse: «Próxima construcción de pisos de dos dormitorios». Mi esposa y yo nos quedamos un rato mirando ese anuncio bajo la lluvia y en silencio, sintiéndonos de repente un poco menos niños.
Mortalidad

Esta mañana, mientras me dirigía a mi trabajo en el metro de Madrid (a veces creo que paso todo el día en el metro: véanse mis Apuntes suburbanos en este mismo blog) me he fijado en otra viajera que iba leyendo «La voz dormida», de Dulce Chacón. Al verlo, he pensado que ninguna de las mujeres que aparecen en la cubierta de ese libro vive ya: ni la miliciana que sujeta al bebé en brazos mientras lo muestra ufana a la cámara, ni la autora que firma la novela. Y he sentido un escalofrío. En un túnel a los pies de mi ciudad, rodeado de extraños, durante un instante he tenido conciencia intensa de nuestra mortalidad, y la verdad es que me ha dolido.
Mañana me dedicaré a viajar dormitando o escuchando música con mi mp3.
Posdata: En casa tengo un ejemplar de «La voz dormida» firmado por Dulce Chacón seis meses antes de que el gran sueño la alcanzara a ella.
Destrucción

Hace exactamente sesenta y dos años, miles de ciudadanos de una ciudad japonesa —que hasta entonces nadie conocía: es lo que tienen las guerras, que dan mucha publicidad— deambulaban por las calles, o lo que ellos recordaban como tales, con la piel mezclada en jirones con los jirones de la ropa. Trataban de encontrar a sus seres queridos, que —aún no lo sabían— se habían convertido en manchas de grasa sobre el asfalto.
Se podría discutir durante semanas acerca de si la población japonesa era o no inocente de las aberraciones cometidas por su imperio. Al fin y al cabo, los soldados que asesinaron, torturaron y violaron a placer en toda Asia fueron reclutados entre los civiles. Pero nadie puede discutir ni siquiera durante un segundo que el 6 de agosto de 1945 fue una de las jornadas más tristes de la historia, tanto por lo que sucedió ese día como por la sombra alargada y terrible que proyectó en nuestro futuro. El futuro de todos. Bien claro lo dejó un exultante Harry Truman:
Con esta bomba hemos añadido una dimensión nueva y revolucionaria a la destrucción.
Accidente informático

Los/as habituales de este blog habréis apreciado cierto parón últimamente. Tiene explicación: debido a las temperaturas infernales de estos días en Madrid, el teclado de mi ordenador se ha fundido como una tableta de chocolate del malo (véase la foto de arriba) y el cristal líquido de mi monitor se ha evaporado. Redacto esta nota con una vieja máquina de escribir Olivetti conectada a Internet mediante el cable de la plancha.
En cuanto resuelva mis problemas informáticos (me han hablado de unos ordenadores confeccionados en granito que aguantan lo que les echen), retomaré la actividad comunicativa en la blogosfera. Palabra.

Habituales de este blog comprobando mi desgracia.
Memoria histórica

Tal día como hoy hace setenta y un años, Caín mató a Abel a traición y con alevosía. Y a esta fiesta de sangre fueron invitados todos los españoles. Unos se unieron al festejo con fiereza y hambre atrasada. Otros fueron, sencillamente, convidados de piedra.
Sirvan de recordatorio los versos de Machado de Campos de Castilla:
Veréis llanuras bélicas y páramos de asceta
—no fue por estos campos el bíblico jardín—;
son tierras para el águila, un trozo de planeta
por donde cruza errante la sombra de Caín.
Portátil
Leo en la primera página de un periódico de hoy el siguiente titular: «La vida es portátil».
No estoy de acuerdo: a veces, la vida pesa como un muerto.
Tabaco = muerte = soledad = esclavitud = nostalgia = agresión

El tabaco es muerte: una persona fallecida cada diez minutos. El tabaco es soledad: la que siente el enfermo ante su dolor y su miedo. El tabaco es, más que dependencia, esclavitud. El tabaco es nostalgia: la de aquellos que añoran a sus familiares desaparecidos por culpa de este veneno. El tabaco es agresión: la del humo respirado por los que no tienen culpa, niños incluidos.
No hay ni un solo argumento para defender el tabaco. Creedme: ni uno solo. Y os recuerdo esto porque los fumadores son las únicas víctimas que defienden a ultranza a su verdugo. Curioso síndrome de Estocolmo.
Hoy es el Día Mundial Sin Tabaco. Ya he dicho antes que no me gusta mucho secundar estas conmemoraciones, pero este caso es especial: el tabaco me debe la vida de personas a las que yo quería mucho.
Para más información:
http://www.who.int/tobacco/communications/events/wntd/2007/es/index.html

Día Mundial de Internet

Dicen los que saben que hoy es el Día Mundial de Internet.
Confieso que me resulta un poco pesada la proliferación de días mundiales de esto y de lo otro, pero si el de hoy sirve para democratizar aún más la Red, bienvenido sea. Internet es el único medio de información (y a veces también de desinformación) que el poder aún no ha aprendido a controlar.
Irónico: Internet es un invento de los militares yankees.
Feliz día.
Para más información: http://www.diadeinternet.es/2006/
Asóciate
En estos tiempos que corren, en los que abundan gurús culturales de pacotilla que predican el ataque a los autores y sus derechos, es más necesario que nunca que los escritores nos asociemos. Estas son mis propuestas:
— Si escribes poesía o narrativa, tu espacio es la Asociación Colegial de Escritores (ACE): http://www.acescritores.com/
— Si eres autor/a de teatro, te sentirás como en casa en la AAT: http://www.aat.es/
— Si te ganas la vida como traductor/a, asóciate a la ACETT: http://www.acett.org/
— Y si has publicado algún libro (colectivo o como autor único), tus derechos reprográficos los defenderá CEDRO: http://www.cedro.org/. Esta entidad tiene además un atractivo programa de ayudas sociales.
(Nota: La AAT y la ACETT son secciones autónomas de la Asociación Colegial de Escritores; es decir: si te asocias a aquéllas, simultáneamente pasas a formar parte de la ACE.)

