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LA CIUDAD INVISIBLE ~ La más habitable de todas las ciudades

«El mejor de los ceniceros» (cuento de verano)

«El mejor de los ceniceros» (cuento de verano)

El macho ibérico da la última calada a su cigarrillo y, de forma automática, la entierra en la arena de la playa. Ni siquiera se ha molestado en echar un vistazo a su alrededor, buscando alguna papelera; ¿para qué, si tiene el culo puesto sobre un kilométrico cenicero? Y acto seguido se repantinga bien en su toalla, procurando que con la postura sus atributos sexuales destaquen lo suficiente, que hay cerca tumbadas una nenas que…

En ese instante, aparece a su lado una luz muy brillante. En cuanto se desvanece, el macho ibérico descubre la presencia de un hombre con cuerpo atlético, cara de niño y pelo canoso. Soy el fantasma de las vacaciones pasadas, presentes y futuras, le dice, y vengo a ajustarte las cuentas por guarro y por cabrón. Dicho esto, el forzudo agarra al fumador, le da la vuelta en la toalla para colocarlo a cuatro patas, le desgarra el bañador marcapaquete y, tras encender un cigarro de su propia cajetilla, se lo introduce por el esfínter añal sin mediar más explicación. El siseo del pitillo al extinguirse en las íntimas humedades del macho ibérico es seguido de un grito desgarrador. Sin embargo, nadie en la playa repara en él, nadie se presta a ayudarle. Anda, pero si la cajetilla estaba casi enterita, dice el fantasma; pues nada, nada, vamos a terminarla. Uno tras otro, los cigarrillos son encendidos y apagados de idéntica manera, mientras el macho ibérico no para de berrear como un cerdo en plena matanza.

Terminada la reserva cigarrera, el espectro se incorpora, se sacude las manos y desaparece como llegó, no sin antes advertirle que, como tenga que volver a ocuparse de él, lo hará con habanos de los gordos.

Mamá, mamá, mira qué señor tan raro, ¿por qué esta con el culo al aire?, pregunta un niño mientras señala al macho ibérico que, aún a cuatro patas y sin atreverse a pestañear siquiera, deja rodar por su mejilla una lagrimita.

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2 comentarios

Carmen -

Joé ¡qué dolor! menos mal que yo ya dejé de fumar hace muchos meses...
Me ha encantado tu cuento.

ca -

Todavía no sé si es una apología a la nueva ley antitabaco o una crítica más a la práctica del nudismo veraniego en playas atestadas de domingueros. De cualquier manera, me quedo con la sensibilidad implantada a la fuerza. Un abrazo y me alegra leer tus divertidos relatos.
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